Este pasillo me llamó la atención por su repetición casi hipnótica. No hay nada extraordinario en él, y sin embargo, la forma en que los arcos se suceden, cómo la luz entra lateralmente y cómo el verde se cuela entre las columnas, lo convierte en algo digno de ser observado.
La fotografía no siempre necesita drama. A veces basta con reconocer el orden, la textura y el ritmo que nos rodea. Esta imagen es eso: una pausa visual en medio de la arquitectura cotidiana.

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